La friolera cantidad de 20 temporadas en el seno milanista le han convertido en historia del club rossonero, viviendo en sus propias carnes el infierno de la Serie B (2 temporadas en la década de los 80 por la implicación de de varios dirigentes del club en apuestas clandestinas), como la de las gloriosas Copas de Europa a las órdenes del visionario Arrigo Sacchi. Líder dentro y fuera de los terrenos de juego, era el punto de referencia para todos sus compañeros, quienes seguían sus instrucciones  con más respeto, inclusive, que si se las diera el entrenador.

Sin ser un portento físico, con sus escasos 1’76 m y 70 kg de envergadura, hacía valer experiencia adquirida en la mejor época del AC Milan, además de su inteligencia y anticipación para ser un defensa insuperable. Muchos milanistas todavía recuerdan el grito que profesaba Franco en el campo de “¡Milan!”, para el adelantamiento de la línea defensiva dejando en fuera de juego a sus rivales. Formó parte de uno de los elencos defensivos más clásicos con compañeros como Mauro Tassotti, Alessandro Costacurta, Paolo Maldini o unos jóvenes Christian Panucci y Michael Reiziger entre otros.

Era conocido en el entorno del club como “Il Commendatore” , un jugador de pura casta, que aún retirándose de la selección italiana, volvió a ella a petición expresa de Arrigo Sacchi, donde todos recordamos la accidentada tanda de penalties del Mundial USA 94, fallando una de las penas máximas.  La imagen de llanto de Baresi conmocionó a Italia entera, más siendo su último partido con la nazionale. A pesar de dicho triste suceso y punto y final con la selección, este emblemático jugador siempre estuvo considerado como uno de los mejores defensas de la historia, siendo capaz de estar nominado un par de veces para el Balón de Oro y siendo su dorsal, el número 6 retirado de la entidad milanista. Un jugador sin ninguna duda que creó escuela.

Artículo por Jonathan Pernía.